Ir al contenido

Una preciosa idea de negocio, sin demanda de mercado

10 de julio de 2026 por
Fernando Castellanos
MIS INTERESES

 

Desde niño yo tenía un marcado interés por la ciencia, la tecnología, los inventos y la innovación. Leía mucho, tenía gran curiosidad y ansias por aprender. En el tránsito por la adolescencia me veía como un aspirante a inventor de esos que obtienen una patente y ganan dinero; me daba igual si era de un tipo de carpa para alta montaña (aunque jamás había estado en una) o un juego de mesa para niños. Tenía un cuaderno titulado “Creatividad” donde anotaba ideas de todo tipo; ahí hice los bocetos de una aceitera de mesa que no derramaba la última gota sobre el exterior del envase. Cuando descubrí que algunas de esas creaciones ya estaban inventadas y patentadas (como la aceitera…), lejos de desanimarme, el hecho de pensar que yo había sido capaz de seguir la misma línea de razonamiento y llegar a idéntico resultado o muy, muy similar, reforzaba mi motivación.

 

En los primeros años de juventud exploré la meteorología, la electrónica, física y astronomía. Empecé a dictar clases y luego una carrera administrativa para ganarme la vida; la universidad vino más tarde. Con esta nueva perspectiva fui profundizando en los sistemas de innovación, la vinculación (o falta de) entre academia y el mundo empresarial en general, y el emprendedorismo universitario. Leía todo lo que pasaba por mis manos sobre estos temas, asistía a conferencias y hablaba con científicos, inventores, investigadores y empresarios.

 

MI PRIMER PROYECTO EMPRENDEDOR

 

Con 35 años, familia dividida, un puesto gerencial absorbente y cursando la universidad por la noche, comencé mi primer proyecto como “emprendedor de negocios”. Se llamó Tecnomercado.com y era íntegramente online.

 

Su propósito era servir de mercado virtual de la innovación en ciencia y tecnología, especialmente en América Latina, para establecer vínculos entre oferentes y demandantes de productos y servicios. No cualquier producto o servicio. Mediante una suscripción mensual, allí se podían publicar anuncios de ofertas y demandas de patentes, proyecto de I+D, servicios de investigación, asesoramiento legal, consultorías; además, contaba con un área gratuita con noticias, actividades, oportunidades de contacto, etc.

 

Tenía un plan de negocios de cuarenta páginas y anexos, elaborado como Dios mandaba en aquella época: con una exhaustiva fundamentación, mercado objetivo y análisis de la competencia; las funcionalidades bien pensadas, imaginando todos los casos de uso;  con proyecciones de costos e ingresos y una tasa de rentabilidad que daban envidia.

 

A comienzos del año 2000 quedó operativo, con un gran trabajo de un matrimonio de jóvenes diseñadores y más de diez mil dólares de inversión propia, un esfuerzo económico enorme para mi situación.

 

Gracias a Internet Archive, una biblioteca digital de todo lo que se ha publicado en la web desde su nacimiento y otros productos culturales de los más diversos, aún podemos ver cómo era Tecnomercado un tiempo después.

Al mismo tiempo, comencé a cursar a distancia el Programa de Especialización en Gestión de la Innovación Tecnológica en el Centro de Estudios de Postgrado de Administración de Empresas, de la Universidad Politécnica de Madrid, que me confirmaba todos los supuestos.

Me sentía orgulloso y lleno de optimismo, porque estaba totalmente convencido que era lo que hacía falta para que la innovación fluyera desde los creadores hacia el mercado.

 

LA CRISIS

 

Mientras Tecnomercado salía tímidamente a escena, otro acontecimiento mucho más importante y notorio estaba sucediendo al mismo tiempo: el colapso de la “burbuja de las puntocom”, con la caída precipitada de la valorización bursátil de las empresas tecnológicas basadas en internet.  Desde marzo de 2000, el pánico y la venta masiva de acciones, borraron más de 5 billones de dólares de capitalización de mercado, llevando a la quiebra a miles de empresas emergentes con modelos de negocio sin sustento físico ni realista.

 

Además de las pérdidas generalizadas de dinero y empleos, también se esfumó la confianza de los inversionistas de riesgo en casi cualquier tipo de proyecto basado en internet. No sólo los que operaban en NASDAQ, también los que buscaban emprendedores en el rato de networking de una conferencia, en cualquier país de Sudamérica.

Mi proyecto, siguiendo la tendencia, también se basada en la expectativa de que conseguiría algo de capital semilla para hacerlo conocer internacionalmente, atraer usuarios y convertirlos en clientes. Planeaba montar una oficina, contratar varias personas y hacer campañas de publicidad. En el corto plazo había que traducir la plataforma al portugués, más adelante estaría en inglés y francés. Generar contenido propio y difundir el de terceros, dar soporte a clientes y llevar la administración al día con un estricto control de los medios de pago online y offline, eran algunas de las tareas a atender. Para todo eso se precisaba dinero, que yo no tenía… y pronto supe que tampoco iba a conseguir.

 

Tecnomercado no llegó a facturar ni un solo dólar de todos los que figuraban en la planilla de cálculo. En 2022 me cansé de verlo agonizar y, con lágrimas de tristeza y enojo, lo desconecté. Tratando de bloquear esas vivencias dolorosas, también olvidé renovar el registro del dominio y lo perdí.

Durante unos años culpé a la burbuja por el fracaso del proyecto. Hasta 2004, en que aprendí que la causa era otra.

 

NO ERA LA IDEA

 

No era mi idea abandonar un proyecto que amaba. Tampoco era la idea fracasar tan rápido, ¡si el plan de negocio decía que sería un éxito!

 

Pero claro, lo que aprendí unos pocos años después, fue que puse la idea –mi idea- por delante y perdí de vista el mercado. Me basé principalmente en fuentes secundarias de información, de otros países, otras realidades; no entrevisté con una pauta concreta a los posibles clientes. Tampoco traté de hablar con ninguno de los competidores, ni siquiera haciéndome pasar por cliente ficticio, para saber al menos si había vida detrás de los sitios web que encontré (o ya les había pasado lo mismo que me pasaría a mí).

Esa forma de dar a conocer necesidades y oportunidades para conectar gente tan disímil como inventores o científicos con industriales o inversionistas, para mí estaba genial pero no sé si sería apropiada para ellos, los destinatarios, mis futuros clientes. La esencia de lo que yo quería vender es confianza y no se logra fácilmente con un anuncio pago en una página web.

 

El otro pecado es que no verifiqué si efectivamente había alguien dispuesto a pagar por esos servicios. El servicio de vinculación existía y se sigue haciendo, especialmente en las universidades, en los centros tecnológicos y algunas asociaciones empresariales. Pero son servicios gratuitos o subsidiados, y en mi modelo de negocio eran de pago.

 

¿HABÍA UNA OPORTUNIDAD?

 

Una cosa es que exista una necesidad para satisfacer; otra muy distinta es que esa necesidad se traduzca en una demanda de mercado, o sea en una oportunidad de negocio para el que quiere vender la solución o el satisfactor.

Esto no es una mera distinción semántica, es el meollo de la cuestión, el nudo central que hay que desatar para iniciar un proyecto emprendedor.

 

Antes de poner a prueba el producto o el servicio que queremos vender, deberíamos dedicar todo el esfuerzo y los recursos necesarios a verificar si hay o no una demanda de mercado, es decir, si hay potenciales compradores para lo que se me ocurrió que va a ser la solución y la voy a vender (tales compradores podrán ser personas, empresas, organizaciones, etc.).

Puede haber problemas, necesidades, deseos de los consumidores, “dolores” (como se dice ahora) que necesitan solución. Pero si detrás de ellos no hay alguien dispuesto a pagar por la solución, no hay demanda. Es más, si la cantidad de interesados en pagar por la solución es pequeña, podrá haber demanda, pero lo que no habrá es oportunidad de negocio.

 

En ese caso, es mejor pasar la página y buscar otra cosa para hacer, antes de enloquecerse con una idea y empezar a gastar dinero.




Suscríbete:

Recibe GRATIS en tu correo electrónico análisis de casos reales, explicaciones de la metodología y más información. 

Nota: el correo puede demorar debido a la actNs de la base de datos. Utilizo tecnología Odoo.com

No olvides revisar la carpeta de spam, y en Gmail las de notificaciones o promociones.


¡Agradecemos tu registro!


 

 

 



Leer siguiente
El para qué